Carta del expresidente Osvaldo Hurtado sobre artículo de Gonzalo Ortiz

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Osvaldo Hurtado Larrea

Pienso que la distante observación de la tragedia humanitaria que vive el pueblo de Venezuela, por parte del papa Francisco, no puede subsanarse con su declaración de que “en la voz de los obispos venezolanos también resuena la suya”, o de otras de parecido tenor citadas por Gonzalo Ortiz, en el artículo que escribió a propósito de una entrevista que me hizo Gonzalo Rosero en Radio Democracia. A mi manera de ver, una dictadura que atropella en forma atroz los derechos humanos, que ha sumido en la pobreza a ocho de cada diez venezolanos, que ha provocado el mayor éxodo del que tenga memoria el continente, cuyos cuerpos policiales asesinan en las calles a manifestantes y en prisiones a opositores, merecía una severa condena del papa Francisco y no solo de la Conferencia Episcopal venezolana.

 

Más todavía cuando su tercera visita a América Latina coincidió con el sorprendente acontecimiento, de que medio centenar de países desconozcan la tiranía del dictador Maduro y en su lugar reconocieran al gobierno del luchador por la democracia, la libertad y la sobrevivencia del pueblo venezolano Juan Guaidó. En esta excepcional circunstancia histórica, millones de católicos y cristianos del continente esperaban escuchar la voz orientadora del Sumo Pontífice en su visita a Panamá.

 

Es la primera vez que escucho decir que las acciones impulsadas por algunos gobiernos latinoamericanos, para poner fin a los inauditos atropellos que diariamente ocurren en Venezuela, fueron inspiradas por la diplomacia vaticana. Que yo sepa, se originaron en el cambio de presidentes que admiraron y auparon a las dictaduras del siglo XXI, por líderes políticos a los que les importa la vida democrática de las naciones y el respeto a los derechos humanos, de acuerdo a lo que manda la Carta Democrática Interamericana, cualquiera sea la orientación ideológica de los gobiernos.

 

Deseo finalmente expresar mi extrañeza porque Gonzalo Ortiz, a pesar de ser un académico y haber llamado la atención a uno de sus colegas de la página editorial de El COMERCIO por haber “insultado” al Papa, me endilgue el mote de “neoliberal” para descalificar mis puntos de vista.


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